Y no sabes cuánto esta película se reproduce en mi mente; se aflora de recuerdos y de hojas. Te acuerdas, cuando llovió y yo te tapaba los ojos para que no vieras el cielo. Brincaste, al arcoiris que coronaba la ciudad, y entonces el mundo giró de cabeza, descalabrándose, catapultándonos al cielo, pero caímos en los mullidos colchones, nubes como nieve de recámara, y nosotros recostados, a ver el tiempo sangrar; el horizonte se tornó durazno, y la marea en plata congelada: esa sábana de estrellas en la que todos prefieren ahogarse, y no quedarse aquí, en la calle mojada.



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