Un día me voy a conmover por toda esta tristeza
Querida
Kristy:
Ya
sabes lo que pasó la última vez: me fui a la cama (sin muchas esperanzas), no
pude dormir, me perdí en mis pensamientos (y emociones), y empecé a imaginarme
cosas, empecé a fantasear como no lo
he hecho en mucho tiempo.
En
parte sí, fue porque ése día te escribí una carta súper "larga" y se
sintió muy bien, y me bañé y eso también se sintió muy bien, y todo eso supongo
que estimuló mi imaginación profundamente, decantó mi alma de cierta forma, pero
creo que nunca me había permitido un día tan libre y relajante como ése, aunque
tal vez ésas no son las palabras adecuadas para describirlo (son demasiado
mundanas, ligeras y superficiales).
La
verdad es que no había tenido un día tan auténtico y honesto y transparente en
mucho tiempo, en que fuera auténtico y honesto y transparente conmigo mismo, y
me “diera permiso” –como diría Adriana- de mirarme a los ojos y ser franco por
un momento sobre mis caóticas emociones y mi caótica situación. Se sintió bien.
Y cuando me fui a la cama también se sintió bien: de no ser por el humilde
reducto de privacidad que representan mis sábanas y mi almohada, nunca pude
haberme imaginado todo lo que me imaginé ni sentir todo lo que sentí. Hacía
mucho tiempo que no me daba permiso de experimentar a fondo mi ser y mis
fantasías.
(Ya
sé, yo lo siento también, todo esto puede parecerte muy cursi y como si fuera
un “debilucho”, pero ya hablamos de esto y creo que los dos conocemos las
razones de fondo, las razones verdaderas. Creo que es bueno que esté cambiando.)
En
fin, todo esto fue para decirte algo que ya sabías: que después de imaginarme
todas esas oscuras escenas y situaciones y reconfortantes palabras y brazos que
me abrazaban, etc, etc, etc, (que no podría describir con palabras pero que me
impactaron fuertemente) mi corazón (sí, el órgano) lo empecé a sentir raro: por
primera vez en mucho tiempo lo sentí lleno, sólido, como una roca de verdad y
no como una miserable cavidad de aire, vacía y hueca. En ese momento me sentí
muy emocionado, como si hubiera logrado ser un niño de nuevo, pero no era un
sentimiento normal: me sentí en concordancia con lo más profundo y poderoso de
mi ser, con la manera en que siempre debí haber vivido pero que me negué hace
ya tantos años. Espero que puedas apreciar el sentimiento detrás de la pésima
redacción e ingenuidad. Claro que lloré y solté muchas abundantes y
maravillosas lágrimas, pero no me sentí triste, no más de lo que me debí
sentir.
Luego
de un tiempo me levanté de la cama y fui al comedor, y en la oscuridad prendí
mi computadora y me puse a ver ése video sobre el suicidio. La chica era
hermosa, por supuesto, así como la música y la forma de contar su historia. En
especial me encariñé de su suspiro al
principio del video, me conmovió su autenticidad, el quiebre de su voz, y el
enrojecimiento de sus ojos. No pude evitar identificarme con las hecatombes de
su vida, y la convicción con que pronunciaba cada una de sus palabras. Claro
que, como me estuvo diciendo una de mis voces al interior de mi mente durante
todo este tiempo, ella era una chica de FE REAL, no como yo que soy un chico
de… FE ARTIFICIAL, digamos. Sin embargo, nada de eso me hizo sentir peor. Le
dejé un comentario y vi sólo un video más. Un video de Molly. Luego me regresé
a la cama y dormí profundamente.
No
te he contado tanto como me gustaría de los sueños, y de la enorme satisfacción
que encuentro en ellos, en su privacidad. A veces pienso que es el único
milagro con el que cuenta mi vida: poder dormirme por unas horas y dejar de
existir en este mundo, lleno de dolor y confusión, de miedo y desesperación,
etc, etc, etc, y en esta persona torpe, enclenque y retorcida, también llena de
dolor y confusión, miedo y desesperación… etc, etc, etc…
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